Crónica Teams Cup – Torneo 1 2026 – Golf Santander – 14/02/2026
Arranca la temporada en Golf Santander: sol, viento… y terapia colectiva

La temporada empezó en Golf Santander con un campo impecable y una advertencia clara desde el primer hoyo: hoy no iba a ganar el que mejor pegara, sino el que menos se engañara. El viento estuvo presente desde el calentamiento, cambiante, traicionero y con esa habilidad tan suya para aparecer justo cuando ya habías elegido palo y estabas convencido de la decisión.
Como casi siempre, todo el mundo salió pensando que “no había jugado tan mal”. El problema fue que las tarjetas parecían pertenecer a otra jornada. Golpes que en la cabeza eran correctos, en el aire se torcían, y decisiones optimistas que el campo castigó sin ningún tipo de compasión. No era día para heroicidades, pero hubo quien decidió que sí, que hoy era el día de demostrar algo. El campo, educadamente, respondió que no.
Los Mosqueteros del Golf fueron los únicos que parecieron entender desde el principio que aquello iba de no liarla. Nada de inventar, nada de golpes con explicación posterior. Julián de Lago hizo exactamente lo que promete todo el mundo en el tee del 1 y casi nadie cumple: dejar la bola en juego y aceptar el hoyo tal como viene. Antonio Saguar, mientras tanto, se dedicó a hacer putts con esa tranquilidad que resulta especialmente irritante para los demás. Sin gestos, sin comentarios, sin mirar si el resto las fallaba. Ganaron con brillo, con épica y con un discurso sólido.
Happy Gilmore llegó como campeón y jugó como si el título aún tuviera algún tipo de efecto protector. Spoiler: no lo tiene. Golpes agresivos, decisiones de “confianza total” y varios momentos de mirar la bola volar sabiendo, ya desde el impacto, que no era buena idea. El octavo puesto no fue un desastre, pero sí ese resultado que obliga a explicar mucho, a justificar más y a repetir que “en realidad estuvimos ahí”. Estuvieron. Pero lejos de ganar. Que no es lo mismo.
Los Barrigolfos vivieron una jornada larga, muy larga. De esas en las que cada hoyo parece uno más de los que debería haber. Salidas comprometidas, segundos golpes que nunca acaban y greenes que no regalaron absolutamente nada. Mucha actitud, mucha resistencia y mucha frase de “este hoyo ya lo firmo”. El problema es que el campo no firma nada. Solo apunta números.
Y ya en el hoyo 19, con las cervezas frías y las rondas mejorando mágicamente a cada trago, llegó el verdadero resumen del día. Aparecieron los golpes que “iban bien”, los putts que “normalmente entran” y las decisiones que “con otro viento eran perfectas”. Fue ahí cuando salió la escena que nadie olvidará esta temporada: Pedro Ferrond llegando al hoyo 18 cubierto de barro, rebozado cual croqueta mal escurrida, después de varias caídas que tuvieron más de patinaje artístico que de golf. Nadie recordaba el golpe, nadie tenía claro cómo acabó ahí… pero todos recordaban perfectamente el estado en el que apareció en el último green. Y eso, en el hoyo 19, te convierte automáticamente en leyenda.
La Teams Cup no ha hecho más que empezar, pero el mensaje ya está lanzado. Este año no va a haber paseos, ni jornadas cómodas, ni excusas originales. Aquí el que no piense paga. El que se flipa, paga más. Y el que gana sin hacer ruido, se lleva la copa mientras los demás mejoran la ronda cerveza a cerveza.
Esta vez el viento empujó a los Mosqueteros. La próxima ya veremos.
Porque si algo quedó claro en Golf Santander es que todos seguiremos diciendo lo mismo:
“Hoy, en realidad, no jugué tan mal.”
Y la tarjeta seguirá sin estar de acuerdo.



