
El pasado 19 de febrero, el campo de Golf Green Paddock fue el escenario de una jornada de golf tan exigente como memorable. El día amaneció muy, muy frío, de esos que obligan a enfundarse bien antes de salir al tee del 1, aunque afortunadamente el sol hizo acto de presencia, regalando una luz que se agradeció —y mucho— durante todo el recorrido.
Un campo pequeño… pero matón
Fueron 22 jugadores los que se enfrentaron a un recorrido que, pese a su condición de Pitch & Putt, no concede tregua. Green Paddock volvió a demostrar que la precisión es clave y que los errores, por pequeños que parezcan, se pagan caros. Bunkers traicioneros, greenes exigentes y distancias que obligan a afinar cada golpe marcaron la tónica del día.
Desde los primeros hoyos quedó claro que la cabeza del torneo no iba a ser un paseo. David Gorroño y Manuel Gandarias —invitado que está haciendo méritos más que sobrados para convertirse en socio del Foro el próximo año— impusieron su gran nivel de juego desde el inicio. Sólidos, concentrados y resolutivos, marcaron el ritmo de la competición.
Pero no lo tuvieron fácil. Clemente Herranz se mantuvo siempre al acecho, sin permitir que los líderes se escaparan en ningún momento, apretando cada hoyo y manteniendo la emoción hasta el final.
La prueba de la dificultad del recorrido quedó reflejada en el resultado final:
👉 El primer clasificado terminó con +2 sobre el campo, una cifra que habla por sí sola y que da buena muestra de lo exigente que fue la jornada.
El “Forrabolas” del día
No todo fueron vueltas ajustadas en la parte alta de la clasificación. El siempre disputado (y temido) trofeo “Forrabolas” tuvo dueño propio. En esta ocasión fue para José Manuel Villaseñor, que sufrió especialmente en un par de bunkers rebeldes que le complicaron la tarjeta, llevándole a cerrar el día con +43 golpes y la última posición. El golf, ya se sabe, unas veces da y otras… enseña.
Mucho más que golf
Tras la competición llegó la tradicional entrega de premios, seguida de una comida para quienes quisieron prolongar la jornada. Y como manda la costumbre, la tarde culminó con la ya clásica partida de mus, poniendo el broche perfecto a un día redondo.
En definitiva, frío en el ambiente, calor en el juego y, sobre todo, la sensación compartida de haber disfrutado de una magnífica jornada de golf, compañerismo y buen humor.
Porque más allá de los resultados, lo importante fue —una vez más— el placer de compartir el campo.




